“No tengo amigos de verdad”, “Aunque me rodee de gente me siento sol@” “Quiero confiar en alguien de verdad” Si te sientes idenficad@ o resuenan en ti estas frases este artículo puede interesarte
En los últimos años esta soledad no deseada percibida parece estar más presente que nunca a pesar de ser la era más cómoda para la comunicación que ha habido nunca. Y es que actualmente, con la presencia de las redes sociales, estamos hiperconectados con el mundo y contradictoriamente parece que los vínculos que creamos en muchos casos son menos profundos e íntimos.
¿Por qué es importante sentirnos parte de un grupo?
Los seres humanos somos seres sociales por naturaleza. Nuestra especie ha logrado sobrevivir, gracias a la posibilidad de agruparnos y cooperar, por tanto, de forma biológica buscamos relacionarlos con los demás. La ausencia de contacto social, y la sensación de no pertenencia, despiertan en nuestro cuerpo sensaciones de peligro real. La falta de interacción social puede generar en nuestro cuerpo ansiedad, estrés, pensamientos de autocrítica y autovigilancia en contextos sociales.
Esto no implica que la soledad como tal sea mala, es sano pasar tiempo con nosotros mismos, diálogo interno e introspección para la cual es necesario pasar tiempo en solitario. Por otro lado, hacer actividades que nos gusten en solitario también puede ayudarnos a crear una relación más sana con nosotros mismos.
¿Es la soledad algo peligroso?
La soledad se convierte en algo peligroso y dañino cuando no la elegimos, cuando buscamos relacionarnos con los demás y no conseguimos vincularnos con otras personas. En este momento es cuando empiezan a aparecer sensaciones de alarma encaminadas y los síntomas descritos al principio del artículo. Su función es que busquemos y seamos capaces de crear vínculos satisfactorios con otras personas, aunque en muchas ocasiones estas sensaciones pueden llevarnos a lo contrario.
Siguiendo la idea de que relacionarnos es vital para las personas, el rechazo puede llegar a ser muy dañino, a causa de ello, es normal que también comencemos a experimentar miedo a sentirlo. Parece contradictorio, pero la propia necesidad de vincularnos puede llevarnos a llevar conductas contrarias a ello. El miedo a ser rechazado, el miedo a ser traicionado o el miedo a que te hagan daño, pueden llegar a aislarte o alejarte de gente con la que realmente podrías llegar a crear vínculos sanos.
La soledad percibida…
En todo este proceso no importa tanto la soledad real que experimente cada persona, si no la soledad percibida. El componente subjetivo es el más importante, pues es el que genera malestar. Si una persona percibe que no tiene relaciones sociales de calidad, aunque sea una persona que comparte espacio y habla con muchas personas, va a experimentar de igual forma la sensación de malestar y síntomas ligados a ella.
Aquí vuelve a jugar un papel vital la necesidad de pertenencia, aunque esté conectado con mucha gente, si no siento que tengo vínculos profundos con nadie, no siento que pertenezca a un grupo concreto, no me siento parte de un lugar definido y esto provoca esta sensación de soledad que tanta angustia puede llegar a provocar.
Estamos en una etapa en la que cada vez es menos necesario acudir a los sitios presencialmente, y eso en parte influye en que comience a generarse esta sensación. Reuniones o quedadas online, no permiten sentir la parte de contacto que necesitamos de una persona.
La relación con uno mismo
Por otro lado, estamos también más desconectados de nosotros mismos, nos encerramos en las pantallas para evitar sentir sensaciones desagradables o simplemente estamos en ellas tan absortos que no paramos a escuchar nuestras sensaciones, a conocernos y a comprender quiénes somos y qué queremos. Estar tan alejados de nosotros mismos nos dificulta sentirnos cerca de los demás. Comenzar a invertir tiempo para estar con nosotros mismos y tiempo para estar de forma real con las personas de nuestro entorno, pueden ser buenos primeros pasos para comenzar a sentirnos más conectados con el mundo.
La población más vulnerable…
Las generaciones más jóvenes son las que más afectadas se están viendo por este fenómeno, parece que, la tendencia a partir de los 30 años es a tener menos percepción de soledad no deseada. Los jóvenes y adolescentes caen cada vez más en esta espiral de hiperconexión digital que bloquea el desarrollo de relaciones entre personas. Poco a poco se va cayendo más en la trampa de querer estar, en la necesidad de estar presente en todos lados y paradójicamente, esta dinámica de intentar estar presente y pertenecer a todos los contextos que se pueda, en muchas ocasiones hace que no nos sintamos parte de ninguno.
¿Qué opinión tienes sobre la soledad no elegida?
Escrito por el psicólogo Manuel Cobos Maestre